lunes, 30 de noviembre de 2009

Vivir sin arrepentimiento. Arnaud Maitland



Arnaud Maitland es un holandés muy vital, con sentido del humor y aire de galán de cine francés, pero su vida no fue un camino de rosas. La progresiva decadencia de su madre, que padeció el mal de Alzheimer, la desestabilización que esto provocó en el grupo familiar, el toparse con el sufrimiento, la vejez y la muerte lo enfrentaron con emociones oscuras. Miedo, desesperación, culpa, inercia... y remordimientos.

Graduado en Leyes aunque no ejerció (“En Holanda, si no sabés qué estudiar, estudiás Derecho. Aprendí a hablar con los dos lados de la boca: a favor de unos y de otros, ¡es lo que hacen los abogados!”), Arnaud trabajó en compañías navieras en Nueva York y en Hong Kong. Comenzó a leer sobre filosofía oriental, estudió con el lama Tarthang Tulku y obtuvo un máster en Filosofía y Psicología en Budismo Tibetano en la Universidad de Berkeley (California). La debacle de su madre inspiró su libro “Vivir sin arrepentimiento” (Editorial Norma), donde se basa en enseñanzas budistas para reflexionar sobre las emociones negativas y enseña a no temer al sufrimiento, propio y de los demás.

Casado con Carolin van Tuyll van Serookesrken, editora y colaboradora en el libro, Maitland vive en San Francisco y tiene un hijo de 25 años. Es instructor de meditación y consultor de empresas para Skillful Means, un sistema de management basado en las enseñanzas budistas.

Noticias: En Occidente no nos preparan para enfrentar la enfermedad grave, la vejez ni la muerte. ¿Cuál es el error más común que se comete?

Arnaud Maitland: Cuando mis abuelos murieron, la casa estaba en silencio, hablábamos en susurros, las cortinas estaban cerradas y no fuimos al funeral. Nunca pude ver lo que, en realidad, era normal. A medida que fui creciendo, si había algún enfermo no estábamos cerca: era algo privado, negro, oscuro. Según el budismo tibetano, tenemos un tiempo limitado y la muerte es el momento de celebrar y apreciar lo que esa persona hizo con su vida.

Noticias: Hoy se teme más envejecer que morir.

Maitland: Para quien está envejeciendo, las enseñanzas tibetanas indican tres cosas: apreciar los buenos momentos vividos, pasarle todo lo importante a las siguientes generaciones, y prepararse para el proceso de morir. En Occidente no se hace ninguna de las tres.

Noticias: ¿Somos negadores porque esas instancias nos enfrentan con el límite, con el hecho de que nada es permanente?

Maitland: Sí, vivimos buscando seguridad y permanencia, cosas transitorias y sujetas a cambios, como tener más dinero, prestigio o estatus, y así se va montando el tinglado del sufrimiento. Aquello donde ponemos nuestra base, no dura, todo se evapora, especialmente cuando vas envejeciendo. Pero hay otra base muy real: si bien contamos con un tiempo limitado, tenemos creatividad, un corazón, energía, podemos hacer cosas.

Noticias: Usted señala nuestra mala relación con el tiempo: nos alienamos porque no alcanza, o lo malgastamos pensando que falta mucho para morir.

Maitland: Y cuando tenemos un buen momento nos sentimos culpables. El budismo tibetano dice que el tiempo es nuestro aliado, pero la alienación es el verdadero problema de Occidente. No tenemos muchas oportunidades, no podemos hacer todo de nuevo. Por lo tanto, el momento de vivir la vida es el presente. Quien no tiene los ojos brillantes, vivos, está en el pasado, con los arrepentimientos y resentimientos que conlleva, o está en el futuro.

Noticias: Ese estilo de vida que genera temores, dudas y ansiedad, saca a la mente de su eje. ¿La realidad crea nuestros pensamientos, o es al revés?

Maitland: La mente se contrae, y ese es un patrón: si pienso mucho en problemas, genero más. Si empiezo a pensar diferente, esos patrones negativos empiezan a cambiar: la mente moldea la realidad. La mente es neutral, no es mala, somos buenos por naturaleza.

Noticias: Si actuamos y reaccionamos según determinados patrones, ¿el sufrimiento tiene una dinámica que lo realimenta?

Maitland: Eso se llama karma. Hoy estamos formando el karma del futuro, pero el antiguo sigue funcionando. Sin embargo, como ocurre con el jardín, podemos sembrar buenas semillas en el suelo.

Noticias: Pero las emociones positivas también crean sufrimiento: un enamorado teme que la relación se termine o que lo abandonen.

Maitland: Las emociones positivas como la alegría, el amor, abren la mente y hacen fluir la energía. En cambio, si uno tiene resistencias, está negativo, la energía no fluye, la mente está cerrada y es como una goma pinchada en un auto. En mis charlas, cada vez que uso la palabra “amor” la gente se incomoda, algunos lo traducen como alegría o felicidad, pero en el budismo es un concepto muy diferente.

Noticias: ¿Qué es el amor, según esta doctrina?

Maitland: Es un estado de la mente, por el cual reconocés tu ser único y el valor único del otro, y lo debés respetar. Si estás relajado, hay naturalmente amor. No es algo que tratás de conseguir, y si empezás a manipularlo porque querés quedártelo, eso único se esfuma y el temor termina siendo una coraza que te estrangula. Amor no es enamorarse, sentirse atraído, el “me siento bien con vos” o el encantamiento.

Noticias: ¿Cómo cultivar pensamientos positivos?

Maitland: El budismo dice que hay algunas verdades y que si no vivimos de acuerdo a ellas vamos a sufrir y arrepentirnos. Una es la apreciación de que nuestra vida es única. Otra es la impermanencia: las cosas cambian y nuestro tiempo es limitado, debemos usarlo bien. La tercera es el karma: ¿qué semilla estás plantando? Si piensas negativamente, el resultado será igual. Y tu vida actual muestra lo que pensaste e hiciste en el pasado. ¿Querés escuchar más?

Noticias: Desde luego, continúe.

Maitland: La cuarta verdad es que la mayor parte de nuestro estrés y sufrimiento son innecesarios. Tenemos que ir detrás de lo que abre el miedo, las tres verdades anteriores. Y la quinta, es la libertad interior, el basamento: si estás relajado sentirás que tenés muchas posibilidades; estresado, sentís que no tenés alternativas. La relajación no es apagar la energía, es calmar lo que está sobreactivado y despertar lo que está dormido en nuestro corazón y en el flujo energético. La mayor parte de nuestro estrés es consecuencia de que en el pasado suprimimos nuestros sentimientos sobre muchas experiencias, incluso las buenas.

Noticias: Cuando un ser querido enferma y se va deteriorando día a día, surgen emociones difíciles, ¿nuestro andamiaje tambalea?

Maitland: Cuando un enfermo empeora tenemos que pensar cómo ayudarlo y, al mismo tiempo, cuidarnos a nosotros mismos. No es buen momento para priorizar las propias necesidades. Y no hay que esperar algo del enfermo, sino recurrir a los amigos.

Noticias: Cuando su madre con Alzheimer iba perdiendo el control sobre su vida, ¿sentía un correlato similar en la suya?

Maitland: Hay montones de esas preguntas... Mi mamá estuvo conmigo como siempre, de alguna manera, y me tomó un tiempo darme cuenta de cuán asustada estaba. Ella sentía que ya no valía, y me asusté. No le podía hacer preguntas, porque estaba perdida en su mundo. Más tarde los sentimientos surgieron, devastadores.

Noticias: Cuenta en el libro que no pudo conectarse con la persona que ella era en ese momento.

Maitland: Los sentimientos se manifestaron lentamente, fue un proceso. Y no quise enfrentarlo, lo que ves es tan penoso... Cada vez hablás más de ella y menos “con” ella. Por autoprotección íbamos tomando distancia, en vez de acercarnos de otra manera y hacerla hablar de sus propias vivencias y temores. La ves sentada, caída, ves temblar en la silla a esa mujer que aglutinaba a la familia... Yo vivía en Nueva York y me arrepentí de no haber viajado más seguido a Holanda, no haber estado en sus últimos días, muchos arrepentimientos... Pero el budismo me enseñó a trabajar esos sentimientos.

Noticias: ¿Cómo se hace?

Maitland: Las experiencias pasadas penosas no son permanentes, como creemos en Occidente: se pueden reconfigurar, incluso si los involucrados no participan, porque están en nuestra mente y corazón. La teoría del yoga tibetano es que si tenés un mal sueño te levantás mal, y las malas experiencias son como un mal sueño. Quedamos apegados a nuestra forma de pensar, sin embargo la memoria es adaptable, no hay que retener nada. Siempre estamos enfocados en los problemas –que en muchos casos son consecuencia de estar quejándonos todo el tiempo– y no en las cosas valiosas. Lo más importante es conocer, y se logra haciendo preguntas y dejándolas abiertas. No hay que preguntar “por qué” sino “cómo”: ¿cómo me gustaría vivir? ¿cómo me gustaría comunicarme con mi hijo?

Noticias: ¿Se puede cambiar así como así una manera arraigada de pensar?

Maitland: Nunca es demasiado tarde para desprenderse del pasado. Mi hermano vive en Buenos Aires y siempre pienso que cuando le ocurra algo importante viajaré inmediatamente. Aprendí que el presente es importante. Podemos modificar pensamientos viendo los hechos desde la perspectiva del otro, o dejando de dar vueltas incesantemente sobre un tema. La relajación ayuda a abstraernos de pensamientos, personas y cosas: sentarnos en silencio en un lugar tranquilo ayuda a conectarnos con los sentimientos de amor que están en nuestro corazón. El yoga contribuye a la relajación, elimina los bloqueos energéticos, crea una sensación de bienestar y completitud. Con la meditación se puede registrar el flujo de los pensamientos: positivos, negativos y neutros. Sabiendo que hay opciones, hay que empezar a buscar el lado positivo de las cosas y proceder en consecuencia.

Noticias: ¿Cómo podemos acompañar a un enfermo que va a morir?

Maitland: Tenemos que respetar cómo está muriendo, y la mayoría muere como vivió. Mi padre, de 97 años, dice: “No me arrepiento de nada”, luego, no tiene chances. Yo quisiera que fuera de otra manera, pero bueno... Hay que estar, sentir, prestar atención, tratar de que pasen por el trance lo más confortablemente posible.

Noticias: ¿Parte de su arrepentimiento tuvo que ver con que en el momento oportuno no se compadeció, en el sentido de “com-pader”?

Maitland: Sí, pero ya no. No tengo emociones negativas. Mi madre está en mi corazón, en mi mente, en mi libro, sigue viviendo.

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