martes, 29 de diciembre de 2009

El equinoccio mató la realidad.

El equinoccio mató la realidad, dejando paso al señor de la oscuridad. Soñador de la mentira, engendro de la fantasía de un niño que duerme con la luz encendida. Buscador de sombras que se agolpan bajo la luna, buscando un resquicio de luz, una tumba iluminada en campo santo, donde su alma descanse de esa batalla sin tregua con el tiempo, instigador que marchita tu vida en paralelo, con la heridas que llevas sin cerrar desde la última batalla que perdió tu corazón. Historia muda que guarda al odio del rencor. En cada batalla que libró mi ser, perdí un trozo de alma. Anhelo silencioso del amor, busco entre los escombros los pedazos rotos de mi corazón. Busco en mi mente ese te quiero que se llevó el olvido y recupero tu boca en otra ocasión, busco y sólo encuentro dolor. ¡Un dolor! Profundo y amargo, desolado busco un resquicio de esperanza, aferrándome a esa luz que cuelga del techo de mi habitación, la miro y vuelo en el equinoccio de la vida, contemplando como se extingue la mía, entre sabanas blancas, sueño cuando te pierdo o te gano, pero por mucho que yo pierda, vuelvo a jugar. Sólo soy feliz en esos recuerdos que estamos juntos los dos, quiero que me regales la mayor de tus heridas, para recordar siempre que sin ti no hay vida, que tú y sólo tù, puedes ocupar ese vacío que un día lleno el amor. Autor: Álvaro Gutiérrez Castillo.

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