lunes, 8 de febrero de 2010

Akshobhya el imperturbable 2


VajraMara desafía a Shakyamuni
¿Cómo surgió Akshobhya? El antecedente es un importante episodio en la vida de Shakyamuni, el “llamado a la diosa Tierra para que dé testimonio”. La leyenda describe al Buda sentado a la sombra del árbol, tratando de alcanzar la iluminación por medio de la meditación profunda. Su esfuerzo llamó pronto la atención de Mara, personificación de todo lo mundano que nos ata a la rueda de la existencia condicionada. Lo último que Mara quiere es que alguien se escape de su reino, así que cuando vio lo lejos que estaba llegando aquel meditador le envió sus poderosas tropas. Le lanzó rocas y lo atacó con sus armas, pero Shakyamuni siguió meditando tranquilamente. Como no pudo trastornarlo por la fuerza, Mara envió a sus hijas para que lo sedujeran. Sin embargo, el Buda ni las miró. Entonces, Mara intentó algo más truculento. Se acercó al Buda y le dijo: “Estás sentado en el mismo lugar donde se sentaron todos los Budas que llegaron a la iluminación en tiempos antiguos. ¿Con qué derecho te sientas en ese mismo sitio?”

La tierra otorga un testimonio de calidad
El Buda respondió, “durante eones he practicado la generosidad, la disciplina ética y otros entrenamientos espirituales, de modo que me he ganado el derecho a estar en este sitio”. Mara fingió no estar satisfecho con esa respuesta y dijo: “Tú dices eso pero, ¿quién dará testimonio?” El Buda no dijo nada. Sencillamente, tocó la tierra con la punta de los dedos de su mano derecha y, frente a él, surgió la diosa de la Tierra, quien declaró: “Yo daré testimonio. Durante eones lo he visto purificarse realizando prácticas espirituales”. Este gesto disuadió a Mara y Shakyamuni siguió meditando hasta alcanzar la suprema y perfecta iluminación.

La tierra nos sustenta
La Tierra conserva fielmente los signos de todo lo que sucede sobre ella. Si uno rastrea a través de sus estratos puede reconstruir su historia. Cada acción ha tenido sus efectos. La Tierra es testigo mudo de las vidas y las batallas de los seres humanos. Lleva las cicatrices de sus construcciones y destrucciones y acoge su polvo cuando llega el fin de sus días. Akshobhya hace el mismo mudra que Shakyamuni cuando desafió a Mara, el gesto que expresa la cualidad de ser inalterable.

Sabiduría semejante a un espejo
Uno podría suponer, con toda razón, que es precisamente la tierra el elemento que se asocia con Akshobhya, pero no es así. Su elemento es el agua. La sabiduría especial que encontramos en el oriente, el cuadrante donde reina Akshobhya, es la sabiduría semejante a un espejo. Con esta sabiduría vemos todo tal como es, de manera imparcial y sin que nada nos afecte. Pongamos frente al espejo una rosa fragante o la daga de un asesino. El espejo reflejará ambas tal como son. No juzgará la diferencia entre el color rojo que hay en una u otra. No deseara retener a la primera ni ahuyentará a la segunda. La mente iluminada refleja todo a la perfección pero no se mancha con nada, igual que las aguas serenas de una bahía pueden reflejar perfectamente una balsa o un palacio, sin sentir la necesidad de elegir entre uno de los dos. Esta capacidad del agua de funcionar como un espejo es lo que la relaciona especialmente con Akshobhya.

Todo sobre la base de la experiencia
Ningún reflejo se le queda pegado al espejo. Éste no rechaza nada de lo que se le pone enfrente. Un espejo nunca reacciona. Permanece siempre imperturbable. Cuando uno alcanza este estado de la práctica y deja de producir nuevo karma, permitiendo con serenidad que el drama del nacimiento y la muerte se representen por última vez, ha entrado ya en la tierra pura de Akshobhya. Ya vio la figura azul del Buda inmutable que sostiene el cetro diamantino, con el cual traspasa y hace añicos todas las ideas y conceptos acerca de la realidad. Asimismo, con sus dedos toca la tierra. Ésta es la experiencia directa, lo único en lo que, al final de cuentas, podemos confiar.

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