miércoles, 24 de febrero de 2010

La muerte.

Se lo llevó sin decirle nada, él intentó agarrarse a su último suspiro, pero la muerte tiraba con fuerza, pataleó, lloró y le rogó a dios que todavía era temprano para él. La muerte no le prestó atención, siguió tirando de él, hasta que le arrancó el alma de su cuerpo. Antes de morir, él gritó una palabra, una sola, ¡adiós! En su lecho de muerte no había nadie, ¿de quién te despides? Preguntó la muerte, de mi cuerpo respondió el alma de aquel hombre. La muerte se echó a reír, pero si te hice un favor, llevas toda tu vida enfermo y sufriendo. Pero ¡era feliz!, gritó el alma, ¡era feliz!, todo ese dolor y el sufrimiento que he vivido a lo largo de mi vida, lo transformé en amor. Yo sólo quería un día más, ¿un día más? Preguntó la muerte. Sí, sólo un día, para despedirme de la única mujer que he amado, pero si está muerta replicó la muerte, lo sé, pero seguía viva en mi corazón. Autor: Álvaro Gutiérrez Castillo.

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